
EFE EME (Revista)
Cada semana el cartero trae a este humilde crítico varios paquetes con discos. Como un servidor se considera un honesto escriba, se toma la molestia de escuchar todo, todo el material que llega aunque, a veces, haya algunas portadas que te dan ganas de pasar a poner en el reproductor el siguiente compacto. Hay discos que no pasan la primera criba, los hay que gozan de una segunda o tercera oportunidad y los hay que a la primera ya te da el pálpito. Son esos trabajos sobre los que te apetece escribir una reseña para explicar cómo te ha emocionado ese trabajo. Pues bien, la última vez que he tenido esta sensación ha sido con Cinnamon fadeout, el cuarto disco de Biscuit, un cuarteto catalán amante del rock de guitarras y capaz de sacar todo el jugo a una melodía. Lo que más me ha atraído de este álbum es que tras su aparente falta de pretensiones suenan terriblemente honestos y transparentes. Su mezcla de power pop, psicodelia, folk rock y rock a secas y sin epítetos, es vibrante. Sus canciones son como un rompecabezas en que cada pieza encaja a la perfección. Su sonido nos remite a Big Star, Byrds, Beatles, Buffalo Springfield, esas bandas clásicas que todo el mundo vuelve a escuchar una y otra vez cuando se cansa del último “hype” del rock.
Cinnamon fadeout no es un disco innovador, ni es la panacea para los amantes de lo novísimo. No obstante, rezuma calidez y proximidad y aunque pueda parecer poca cosa, en los tiempos que corren es mucho, muchísimo.
ÀLEX ORÓ.
BEATBURGUER.com
Estamos hechos unos patanes la prensa musical ‘cutting edge’ y los aficionados más enteradillos, porque, teniendo un grupazo como Biscuit en una ciudad como Vilanova i la Geltrú (población a unos 40 km de Barcelona y en la que servidor ha pasado muchos momentos de infancia y pre pubertad), nos vamos a buscar medianías que nos sorprendan a pueblos perdidos de Wichita o Wisconsin. ¿Porqué? Porque por muy modernos que nos creamos, somos unos paletos de cuidao.
Pero podemos solucionar esto de una manera muy fácil, y es escuchando este “Cinnamon Fadeout” del cuarteto catalán, primero que publican en Hang the dj records, y que, aunque suene tópico y típico, es lo mejor que han grabado. Su clasicismo rockero, sus cristalinas melodías, y canciones tan rotundas (y bonitas) como “Dance and sing” o “Breakdown”, harán las delicias de los amantes del rock sin aditivos, aquel que no le hacen falta ni miles de tatuajes ni una actitud supuestamente nihilista para emocionar y llamar la atención.
Y con esa versión de los Screaming Trees (“More or less”), joder, se me han ganado el corazón.
Andrés R.
03-06-2009
PAISAJES ELECTRICOS (magazine)
La última novedad del sello es la que más me ha llamado la atención. Se trata del cuarto disco de los veteranos e incombustibles BISCUIT. Sobreviviendo a duras penas han llegado a este brutal “CINNAMON FADEOUT” y vuelven a superarse, cosa que parecía imposible tras el espectacular “Time for answers”. El arranque con “Aralsk” es guapísimo, con unas jugosas armonías vocales y con unas guitarras que fluctúan entre Wilco, The Byrds y Bevis Frond. Incluso la voz tiene un aire a la de los Nick Saloman (The Bevis Frond). “Breakdown” podría figurar en los mejores discos de The Soundtrack Of Our Lives y “Dance & sing” es un claro single por su estribillo y la melodía contagiosa con gancho.
Otra de sus exquisitas referencias es la del mejor grupo grunge, Screaming Trees, donde reinaba Mark Lanegan y por eso, quizás, se marcan una estupenda versión de su tema “More or less”. Pero todavía hay mucho más. La fuerza, los teclados, las guitarras y la potencia de “1.000 Years” nos lleva a los Who del “Who’s Next”. Y es que el cuarteto que son Biscuit están muy bien ayudados en el disco por las colaboraciones vocales, piano, Hammond, vibráfono y percusiones. Con todo esto y la buena producción de Santi García, la riqueza sonora de los temas gana muchos enteros. Puro rock sin etiquetas dedicado a Joan Roure con la preciosa frase del “Better things” de The Kinks, “We hope tomorrow you’ll find better things”. Pues es difícil encontrar cosas mejores que estas en el rock español.
Txema Mañeru
TODOMUSICAROCK.org
Recuerdo que hace unos cuantos años, un entrenador colombiano que se sentaba en el siempre eléctrico banquillo del Manzanares fue cuestionado por el plumilla de turno sobre el once inicial que iba a disponer en el próximo partido, la complicada visita al Camp Nou. El técnico respondió con un escueto “winners no change”. Frase en la que hacía referencia a que iba a apostar por el mismo equipo que en la jornada precedente había goleado a su rival por 6-0. La filosofía de Francisco ‘Pacho’ Maturana no le llevó a ganar el partido y poco después el orondo Robespierre rojiblanco decidió guillotinarle. Una idea similar a la del ‘Pacho’ es la que ha guiado a Biscuit en la realización de su cuarto disco en estudio: Cinnamon Fadeout, y su resultado no sólo convence, sino que es uno de los claros candidatos a ocupar el puesto de ‘disco del año’. Biscuit encontraron la fórmula ganadora en su anterior trabajo -Time for Answers [Rock Indiana, 2006]- y no la han olvidado, sino que la han perfeccionado. Han vuelto a contar con Santi García en la producción y han seguido por la senda de mezclar pop y rock con gran maestría y acierto. Lo único que ha cambiado ha sido la discográfica encargada de la publicación, Rock Indiana ha dado el relevo a Hang the Dj Records, sello del que es propietario Eric, cantante de The Unfinished Sympathy.
Lo cierto es que parece que no tiene que ser muy difícil encontrar la fórmula ganadora cuando uno tiene un gusto musical como el de los componentes de Biscuit. Para comprobar su gusto no hay nada más que visitar el
blog que hace funciones de web. Entre noticia y noticia, reseña y reseña, te das cuenta de que ‘algo’ suena. Ese ‘algo’ es un ‘playlist’ elegido por la banda. En él se incluyen canciones de The Byrds, The Kinks, The Who, The Faces, Rocket from the Crypt, Screamin’ Trees, The Posies, Black Joe Lewis, Black Merda,… Buenas y, sobre todo, variadas formaciones que han influido en las composiciones de Biscuit. En Cinnamon Fadeout podemos encontrar detalles que nos recuerdan a muchas de estas bandas, a excepción de las que facturan sonidos negroides.
Lo mejor de todo es que estos catalanes no suenan a ninguna de ellas, su sonido es personal. Pop y rock se alternan, se dan la mano a lo largo de las diez canciones del álbum, y en algunos momentos se funden con otros estilos, como el folk o la psicodelia. Pop y rock en su vertiente más clásica, como bien se puede adivinar por sus influencias. Cinnamon Fadeout es el resultado de mezclar la mejor tradición musical de las últimas cuatro décadas con un excelente trabajo de producción, que ha logrado introducir con acierto múltiples arreglos. Teclados, hammond, guitarras acústicas, piano, percusiones, deliciosas melodías vocales, … Matices que enriquecen y que no suenan forzados, ni han sido introducidos con calzador, algo que a vece suele pasar cuando en el estudio se intenta dotar a las canciones de una dimensión que no había sido concebida en el local. Gracias a esta convergencia de influencias, talento compositivo e interpretativo y pericia del productor podemos disfrutar de la psicodelia ‘beatle’ de “Morning Light”, de la potencia guitarrera y de la intensidad del órgano en “1000 Years”, del acelerado ritmo rockero de “Answering Machine Blues”, de las melodías ‘powerpoperas’ de “Breakdown”, … incluso hasta revisan “More or Less” de Screamin’ Trees. Con toda seguridad, uno de los álbumes que encabezarán los tops de los mejores discos de 2009.
Carlos Ayllón