
Paradojas
por Dr Biscuit
Una vez más he estado meditando sobre algunas sensaciones que capto a mi alrededor, los sinsentidos de nuestra sociedad, las lagunas internas que las personas manifiestan a mi alrededor o llegando a través de la información que de una manera u otra condiciona nuestros pensamientos y actos.
Cada lunes es un principio para la mayoría de mortales. Los habituales excesos de fin de semana hacen que la losa que cubre nuestro ánimo quede gravada con la lapidaria frase “Hoy empiezo una nueva vida”. Siguiendo con la metáfora, es como si enterráramos nuestro otro yo, el que sale de la parte más oscura de nuestra psique y nos lleva a buscar la distorsión vital necesaria para encontrar una felicidad ciertamente fictícia, aunque sin duda felicidad.
Ya mi colega el Dr. West, famoso por insultar a su enfermera mientras operaba, me comentó que los lunes era el día en que se pedían menos horas para consultas psiquiátricas y siempre decía “los lunes nuestra sombra siniestra descansa después de demoler lo poco que queda de nosotros, nos liberamos de su imán corrosivo, creemos habernos liberado de ella”.
Frente a esta afirmación creo que mi querido Leslie había dado en el clavo, ciertamente se han desarrollado muchos estudios y tesis sobre este asunto, aunque yo he optado por recoger algunos apuntes biográficos que certifican lo planteado hasta ahora y sirven para posteriormente sacar conclusiones de una forma más adecuada para nuestro consultorio.
Chester Grant ,propietario del bar One Gains, optó por cambiar sus hábitos alimenticios un lunes 9 de noviembre de 1.971. Como se observa, sus cara es un poema. Fue el día después de un concierto de Jethro Tull en su local de Tumbridge Wells. Los números no salieron como él creía y el domingo por la tarde se bebió dos litros de ginebra barata. Cerró el bar y montó un Everythingisonepound. No vendió nada y decidió irse con su hermano Peter el miércoles por la tarde. Trabajó limpiando un avión privado y murió dos años más tarde. Éste fue su último vaso de agua. Su otro yo solo le abandonó 2 días.
El famoso tenista Jimmy Connors dejó la bebida el día antes de empezar el abierto de Wimbledon de 1.979. Fue uno de sus últimos torneos y en algunos recortes de periódico de la época se puede leer: “no me dijeron que era farlupiña du pobre y me bebí 3 litros pensando que era café con hielo”. Aquel fatídico 6 de julio a las 10 de la mañana se subió a la silla del árbitro y vomitó un espeso líquido oscuro que regalimó por toda la estructura metálica hasta la hierba de la cancha. Él cayó después. Cuando volvió en sí después de precipitarse desde semejante altura, utilizó su Wilson Metálica para intentar sodomizar a un recogepelotas que insistía en darle café con sal para reanimarle. Celebró su eliminación de por vida con un jovencísimo Matts Wilander que le inició en los experimentos con la farlupiña de rico. Años más tarde su tabique quedó expuesto en el Science Museum de Dakota dentro del apartado “la resistencia a la abrasión de algunos tejidos humanos”. Su otro yo nunca más le abandonó.
Estos ejemplos ponen de manifiesto la misma conducta ante hechos y circunstancias tan diferentes. Chester Grant se planteó el Síndrome de la Paradoja ante el shock de tener que aguantar a Jethro Tull sin recompensa alguna mientras que Jimmy Connors no pudo superar, como más tarde manifestó, que Guillermo Vilas fuera declarado el tenista más glamouroso del año por la revista Playboy. No pudo asistir a la fiesta anual ofrecida en la mansión de su editor.
José Luís Garci intentó dejar la ginebra en 1.982 después de la monumental resaca que tuvo tras ganar el Oscar y celebrarlo con Esteso y Roger Moore. Por la mañana no recordaba que cerraron un prostíbulo de Beverly Hills y que se dedicaron a comentar unas fantásticas películas pornográficas, vestidos de mujer y batiendo todos los récords en materia de ingesta nasal de narcóticos. Por la mañana tenia medio cuerpo paralizado. Nunca más lo superó. El conocido como “Mal de Varón Asler”, el qual solo se ha manifestado en casos contados, se detecta cuando tu otro yo queda permanentemente en la mitad de tu cuerpo, dejando la otra mitad en estado de plena consciencia. Es una enfermedad muy dura de sobrellevar ya que normalmente mientras una mitad del cuerpo está despierta la otra está en estado de parálisis, y viceversa.
Nuestro último apunte se refiere a un músico sin duda incomprendido hasta por él mismo. El 4 de enero de 1.975 Alan Parson se emborrachó después de 3 meses de abstinencia. Cuando creía que su parte oscura estaba realmente olvidada, se encontró con su amigo Eric Woolfson en la puerta de un bar de moda. Pidió zumo y, como llegado del más allá, oyó el sólo de guitarra de Highway Star: sintió un escalofrío en lo más profundo y, sin darse cuenta, estaba lamiendo su mano llena de sal. Aquel tarde empezó su Projecto. Tales of Mystery and Imagination habla en clave sobre la nueva aparición de su otro yo.
Tras leer este capítulo del libro “No me respondas, voy borracho” (Alan Parsons, Colección Músicos Olvidados, Ed.Kabuto) me paré a pensar sobre la relación entre los estímulos externos y las enzimas cerebrales que catalizan la pérdida del control ante nuestra otra cara.
Quizás éste prodría ser un tema a desarrollar en un futuro cercano.
Dejo este gran interrogante en el aire. Lo pensaré y muy pronto sacaremos agua clara.
Mientras tanto, no querais deshaceros de vuestro otro yo.
Es imposible.
Sigue latente hasta que se os vuelve en contra de forma trágica e irreversible.
Dejad que se exprese con libertad.
Buena suerte.


