.jpg)

Diario de Gira XI
Apuntes desde la retaguardia
30 noviembre y 1, 2 diciembre
por Dr Biscuit
En mi cerebro ya ha quedado tatuada una tarde de diciembre en que viví un concierto de los MC5 desde un rincón del escenario, una velada pensada una y mil veces desde que tengo uso de razón detrás de mis modestos tambores. Y ahora que todo ya ha pasado, revivo sobre este papel blanco unas horas que nadie podría olvidar, desde el momento en que entré en la sala de conciertos hasta que me dejé caer en la cómoda cama del hotel, ese último y fatídico instante en que todo ya había terminado.
Burgos, Gijón y Valladolid, desde el local de ensayo hasta esa misma habitación mágica, cuatro días girando y dejando rastro en areas de servicio, tres locales tan maravillosos como dispares, dos conciertos solos ante el peligro y una tarde con la mejor banda de la historia (con permiso de las demás mejores bandas de la historia). Todo eso con la ayuda de Santi Garcia quien, casualidades de la vida, tuvo unos días libres en su solicitadísimo estudio de grabación y no dudó en acompañarnos en tal cometido.
Pero iré por partes, aunque las emociones se mezclen y no sepa si aquello pasó en tal sitio o lo otro pasó al día siguiente. La llegada a Burgos fue en el tiempo esperado, no sin antes dar las vueltas de rigor buscando el Carmen 13, donde repetíamos (pobres insensatos) y donde las cosas salieron siguiendo el guión previsto. Un trato exquisito en todo momento, prueba de sonido rápida y cena ligera para llegar sin excesivo pesar corporal. El concierto fue muy bien, un sonido cercano y cálido, un repertorio ya muy rodado y una respuesta del público perfecta dentro del aire tranquilo que se respira en un local tan refinado para lo que estamos acostumbrados. Dos bises y una venta de discos más que aceptable, cosa que siempre es reflejo del trabajo sobre el escenario. Parecíamos un poco un equipo de fútbol el partido antes de la gran final pero dimos el callo y entre risas satisfechas, nos acomodamos en un hotel alejado del centro de la castellana capital.
El viernes por la mañana ya se respiraba un aire de tensión contenida en la furgoneta aunque la olla a presión cedió después de la comida en un pueblo cercano a Mieres, ya en Asturias, donde nos sirvieron un correctísimo menú por un módico precio, justo antes de llegar a Gijón y de entrar en el Parque de Piles, una discoteca con aires retro donde empezó el sueño.
La verdad es que entrar en un garito y ver sobre el escenario a Wayne Kramer currándose la prueba de sonido como si fuera su primer concierto da pie a pensar lo que significa la música para algunas personas. Mi mano temblorosa dio un cordial saludo a ese personaje, que en mi mente era aún ficticio, y cuando de su boca salió “el honor es mío”, el calor de su mano lo hizo real, corpóreo y muy humano. El resto ya fue sumando uno tras otro segundos que nunca podré olvidar: Dennis Thomson elogiando mi Ludwig (según él, idéntica a una que tuvo allá por los sesenta) y a un comedido Michael Davis con quien pude tener una tertulia tranquila sobre caballos. El resto de MC5 también se mostró encantado de compartir un día con nosotros, primero muy tranquilos durante su prueba de sonido para posteriormente entrar en su papel dentro de la escenografía Motor City ( o Much Coke, Marihuana Cigarettes, ....) con la energía que se espera de ellos.
Nuestro concierto se desarrolló normalmente, con un repertorio especial para la ocasión debido al tiempo disponible y a la magnitud del evento. Mientras estaba tocando pude ver sentado a no más de tres metros a Dennis, quien seguía el ritmo con los ojos cerrados y mostrando, como más tarde dijo, que realmente había disfrutado con nuestras canciones y nuestra peculiar forma de hacer sonar los instrumentos (freestyle como dijo Kramer). Puedo asegurar que levantarme del asiento y salir de las tablas flanqueado por tales personas fue como un torero cuando sale a hombros, como salir flotanto sobre mis piernas. No recuerdo qué dijeron pero fue bueno, curioso comentario de Manitoba “haceis un pop de primera... porque... a mi también me gusta el pop”, como si yo no pudiera creer realmente lo que estaba diciendo.
Los MC5 salieron a por todas, los había visto en Barcelona tres días antes y realmente la respuesta del público fue diamentralmente opuesta, cosa que se notó desde arriba. El repertorio fue el mismo prácticamente y funcionó de maravilla desde mi punto de vista, un poco alterado por las circunstancias. Lo mejor, la entrada en escena de Kekaula, una chica que durante la prueba de sonido parecía una mujer de la limpieza y que salió como si fuera una diosa, y lo fue cantando “Over and Over”, una de mis favoritas. Sus entradas y salidas del escenario me sirvieron para captar toda la energía que salía de sus poros epidérmicos.
Estuve todo el concierto haciendo miradas cómplices con el resto de Biscuits, “sí, esto está pasando” mientras hacíamos excursiones a nuestra nevera repleta de cervecitas. Después de varios bises se retiraron como lo hacen los grandes ejércitos, sin dejar heridos. Justo después del concierto un último detalle, Dennis vino y me regaló una de sus maltratadas baquetas que ya ha sido colgada en el lugar preferente de mi casa para estos presentes tan especiales.
Como dos equipos de fútbol, hicimos intercambio de banderines y obligamos a que nos firmaran discos para algun fan de nuestra tierra. Memorable desde todos los puntos de vista hasta el final: el bueno de Kiko, entregado organizador de la batalla, nos invitó a cenar en un restaurante cercano a la sala y la verdad es que nos pasamos tres pueblos con el menú, muchas horas sin comer y con un nudo en el estómago que se deshizo como hielo en verano. Se nos fue la mano y tenemos constancia de que la cuenta tuvo muchas cifras. Le agradecemos su comprensión y comprendemos su enfado posterior, pero bueno pocas veces te pasa lo que sucedió durante aquel día.
Al día siguiente tocaba Valladolid y las sorpresas continuaron positivamente. El local era como un club de fumadores de antaño con una platea con columnas a los lados y un escenario a no más de un metro de altura, como el Grande Ballroom pero a la castellana. Todo salió redondo y rubricamos dos días de conciertos con otro de gran talla, ya más relajados y pudiendo tirarnos al rollo ante un público que respondió, primero viniendo y después dando muestras de diversión en todo momento, sobretodo al final con dos bises un poco improvisados que salieron de primera, clásicos de nuestro repertorio que tocas ya sin ensayar con un factor de riesgo que esquivas a base de patilla.
Tres días para recordar y para agradecer a todos los que hicieron posible que pasara, a Santi primero y a quien orbitó a nuestro alrededor en todo momento. Gracias a todos por venir y por dejarnos venir.
Apuntes desde la retaguardia
30 noviembre y 1, 2 diciembre
por Dr Biscuit
En mi cerebro ya ha quedado tatuada una tarde de diciembre en que viví un concierto de los MC5 desde un rincón del escenario, una velada pensada una y mil veces desde que tengo uso de razón detrás de mis modestos tambores. Y ahora que todo ya ha pasado, revivo sobre este papel blanco unas horas que nadie podría olvidar, desde el momento en que entré en la sala de conciertos hasta que me dejé caer en la cómoda cama del hotel, ese último y fatídico instante en que todo ya había terminado.
Burgos, Gijón y Valladolid, desde el local de ensayo hasta esa misma habitación mágica, cuatro días girando y dejando rastro en areas de servicio, tres locales tan maravillosos como dispares, dos conciertos solos ante el peligro y una tarde con la mejor banda de la historia (con permiso de las demás mejores bandas de la historia). Todo eso con la ayuda de Santi Garcia quien, casualidades de la vida, tuvo unos días libres en su solicitadísimo estudio de grabación y no dudó en acompañarnos en tal cometido.
Pero iré por partes, aunque las emociones se mezclen y no sepa si aquello pasó en tal sitio o lo otro pasó al día siguiente. La llegada a Burgos fue en el tiempo esperado, no sin antes dar las vueltas de rigor buscando el Carmen 13, donde repetíamos (pobres insensatos) y donde las cosas salieron siguiendo el guión previsto. Un trato exquisito en todo momento, prueba de sonido rápida y cena ligera para llegar sin excesivo pesar corporal. El concierto fue muy bien, un sonido cercano y cálido, un repertorio ya muy rodado y una respuesta del público perfecta dentro del aire tranquilo que se respira en un local tan refinado para lo que estamos acostumbrados. Dos bises y una venta de discos más que aceptable, cosa que siempre es reflejo del trabajo sobre el escenario. Parecíamos un poco un equipo de fútbol el partido antes de la gran final pero dimos el callo y entre risas satisfechas, nos acomodamos en un hotel alejado del centro de la castellana capital.
El viernes por la mañana ya se respiraba un aire de tensión contenida en la furgoneta aunque la olla a presión cedió después de la comida en un pueblo cercano a Mieres, ya en Asturias, donde nos sirvieron un correctísimo menú por un módico precio, justo antes de llegar a Gijón y de entrar en el Parque de Piles, una discoteca con aires retro donde empezó el sueño.
La verdad es que entrar en un garito y ver sobre el escenario a Wayne Kramer currándose la prueba de sonido como si fuera su primer concierto da pie a pensar lo que significa la música para algunas personas. Mi mano temblorosa dio un cordial saludo a ese personaje, que en mi mente era aún ficticio, y cuando de su boca salió “el honor es mío”, el calor de su mano lo hizo real, corpóreo y muy humano. El resto ya fue sumando uno tras otro segundos que nunca podré olvidar: Dennis Thomson elogiando mi Ludwig (según él, idéntica a una que tuvo allá por los sesenta) y a un comedido Michael Davis con quien pude tener una tertulia tranquila sobre caballos. El resto de MC5 también se mostró encantado de compartir un día con nosotros, primero muy tranquilos durante su prueba de sonido para posteriormente entrar en su papel dentro de la escenografía Motor City ( o Much Coke, Marihuana Cigarettes, ....) con la energía que se espera de ellos.
Nuestro concierto se desarrolló normalmente, con un repertorio especial para la ocasión debido al tiempo disponible y a la magnitud del evento. Mientras estaba tocando pude ver sentado a no más de tres metros a Dennis, quien seguía el ritmo con los ojos cerrados y mostrando, como más tarde dijo, que realmente había disfrutado con nuestras canciones y nuestra peculiar forma de hacer sonar los instrumentos (freestyle como dijo Kramer). Puedo asegurar que levantarme del asiento y salir de las tablas flanqueado por tales personas fue como un torero cuando sale a hombros, como salir flotanto sobre mis piernas. No recuerdo qué dijeron pero fue bueno, curioso comentario de Manitoba “haceis un pop de primera... porque... a mi también me gusta el pop”, como si yo no pudiera creer realmente lo que estaba diciendo.
Los MC5 salieron a por todas, los había visto en Barcelona tres días antes y realmente la respuesta del público fue diamentralmente opuesta, cosa que se notó desde arriba. El repertorio fue el mismo prácticamente y funcionó de maravilla desde mi punto de vista, un poco alterado por las circunstancias. Lo mejor, la entrada en escena de Kekaula, una chica que durante la prueba de sonido parecía una mujer de la limpieza y que salió como si fuera una diosa, y lo fue cantando “Over and Over”, una de mis favoritas. Sus entradas y salidas del escenario me sirvieron para captar toda la energía que salía de sus poros epidérmicos.
Estuve todo el concierto haciendo miradas cómplices con el resto de Biscuits, “sí, esto está pasando” mientras hacíamos excursiones a nuestra nevera repleta de cervecitas. Después de varios bises se retiraron como lo hacen los grandes ejércitos, sin dejar heridos. Justo después del concierto un último detalle, Dennis vino y me regaló una de sus maltratadas baquetas que ya ha sido colgada en el lugar preferente de mi casa para estos presentes tan especiales.
Como dos equipos de fútbol, hicimos intercambio de banderines y obligamos a que nos firmaran discos para algun fan de nuestra tierra. Memorable desde todos los puntos de vista hasta el final: el bueno de Kiko, entregado organizador de la batalla, nos invitó a cenar en un restaurante cercano a la sala y la verdad es que nos pasamos tres pueblos con el menú, muchas horas sin comer y con un nudo en el estómago que se deshizo como hielo en verano. Se nos fue la mano y tenemos constancia de que la cuenta tuvo muchas cifras. Le agradecemos su comprensión y comprendemos su enfado posterior, pero bueno pocas veces te pasa lo que sucedió durante aquel día.
Al día siguiente tocaba Valladolid y las sorpresas continuaron positivamente. El local era como un club de fumadores de antaño con una platea con columnas a los lados y un escenario a no más de un metro de altura, como el Grande Ballroom pero a la castellana. Todo salió redondo y rubricamos dos días de conciertos con otro de gran talla, ya más relajados y pudiendo tirarnos al rollo ante un público que respondió, primero viniendo y después dando muestras de diversión en todo momento, sobretodo al final con dos bises un poco improvisados que salieron de primera, clásicos de nuestro repertorio que tocas ya sin ensayar con un factor de riesgo que esquivas a base de patilla.
Tres días para recordar y para agradecer a todos los que hicieron posible que pasara, a Santi primero y a quien orbitó a nuestro alrededor en todo momento. Gracias a todos por venir y por dejarnos venir.
