jueves, junio 07, 2007

Aumenta la R'n'R children


El tipo este de la izquierda, afamado bajista, seguidor del Atleti y fan de los Beatles, acaba de ser padre por segunda vez. Ha sido niña, se llama Eva y también será fan de los Beatles, fijo.
FELICIDADES!!!!!!!!!!!!!!!

martes, junio 05, 2007

Diario de gira: The Cavern (Liverpool) 22 y 23 de mayo



Apuntes desde la retaguardia
EL RETORNO A LAS CAVERNAS
Por Dr. Biscuit
Charles Robert Darwin nos dijo en su día que algunas especies se resisten a sucumbir a la selección natural y que entran en un bucle vital donde generación tras generación hacen caso omiso a los patrones ambientales y sirven como excepción a la más que contrastada Teoría de la Evolución de las Especies. Parece ser que David Bash se sabe la lección de memoria y, ni corto ni perezoso, se ha dedicado durante los últimos años a organizar el International Pop Overthrow (IPO), un largo festival donde nuestros especímenes poco evolucionados sacan a la palestra una impresionante colección de relucientes Rickenbakers y otros artilugios de la edad de piedra del pop, además de atuendos nada sofisticados para decorar una atmósfera repleta de grandes bandas y en parajes tan dispares geográficamente como Chicago, New York, Boston, Philadelphia, Baltimore, Nashville, San Francisco y Liverpool. Como no podria ser de otra manera teniendo en cuenta el planteamiento de tal asunto, Biscuit fue invitado a participar en él en un lugar tan mágico como Liverpool, la sede más cercana a nuestras casas, para tocar en el epicentro de la revolución del pop, The Cavern. Sí, en este lugar se han tocado las mejores canciones de la historia y nos dispusimos a poner nuestro granito de arena intentando no ensuciar tan brillante expediente.

Dadas las circunstancias nos podían echar lo que fuera y ni siquiera el vuelo de bajo coste, con asientos donde hasta yo me siento grande, ni las largas colas, ni los retrasos pudieron enturbiar un ambiente de ficción donde BISCUIT fue el centro de nuestra propia aventura, con buen rollo y con un resultado del todo positivo, tanto desde el punto de vista humano como desde una óptica estrictamente musical.

El caso es que nos plantamos en Liverpool y, tras dejar nuestros ligeros equipajes, no pudimos evitar dirigirnos de inmediato allí donde los Beatles empezaron una andadura de la que aún hoy se habla, sobretodo en la ciudad del Mersey. Teníamos previsto realizar dos pases, uno el martes a última hora y otro el miércoles, casi justo después de la gran final de la Copa de Europa (ahora Champions). Todo el despliegue del IPO estaba planteado en cuatro escenarios, dos en The Cavern Club, uno en The Cavern Pub y otro más en en Lennon Pub. Tras sentar nuestros traseros en The Cavern Pub y pedir las pintas de rigor, un más que amable David Bash se nos presentó como un educado anfitrión y nos dijo si queríamos hacer otro pase el mismo día, brillante presentación para cuatro elementos que solo esperaban subir y disfrutar delante del público, sea como fuera. Nuestra agenda se concentraba y resultaba ser de tres conciertos, el primero en el Club (actual réplica del mítico y demolido The Cavern), luego en el Pub y al día siguiente en el Back Stage del Club. Un poco nerviosos escribimos tres repertorios diferentes y seguimos nuestro viaje interior sobre un mar de cervecitas mirando la fantástica colección de fotos, instrumentos y curiosidades del lugar de peregrinación en que se ha convertido The Cavern.

Sin darnos cuenta llegó nuestra primera hora, después de un espléndido concierto llegado de Philadelphia a cargo Asteroid #4, por fin sobre las tablas de The Cavern, más largas que anchas, y con un equipo correcto aunque un poco maltrecho. Media hora para nuestra particular historia, justo delante del cuadriculado mural que decora este escenario desde hace muchos, muchos años y con un repertorio de canciones elegido como un recopilatorio que sentó de maravilla a los asistentes. Las primeras impresiones fueron muy positivas y empezamos a forjar relaciones con el resto de grupos, quienes mostraron un entusiasmo nada fingido a nuestro pequeño muestrario BISCUIT.

Casi sin poder secarnos el sudor y justo después de cenar un tentenpié, nos dirigimos al Cavern Pub, otra vez estaban tocando los Asteroid #4, para ser más precisos empezaban una versión de los Byrds. En el concierto anterior me fijé que la tocaban sin ningún tipo de armonía vocal, cosa que me pareció un poco triste teniendo en cuenta lo que hacían mis venerados Pájaros. Me presté sin duda a cantar con ellos y subí al escenario completando lo que ellos hacían más que bien, me lo pasé de miedo, recibiendo finalmente la felicitación de los miembros de la banda ya bastante eufóricos por todo lo que habían vivido y bebido aquella noche. Sin casi pausa, BISCUIT subió al pequeño escenario rodeado de mesas y completó media hora más de concierto, más sueltos que antes y dejando un buen sabor de boca a los asistentes. La verdad es que hicimos un pase muy cómodo, supongo debido a que el lugar era muy parecido a los garitos en los que habitualmente tocamos, la diferencia es un cartel en la puerta que reza “The Cavern”. Nos despedimos del personal aunque más calurosamente de los miembros de Peter & The Penguins, cuatro personajes llegados de Noruega que hicieron uno de los mejores conciertos de la tarde. Rock calentito y una gente fantástica, ¿qué más se puede pedir? La cama del Hotel.

El miércoles por la mañana lo dedicamos al turismo, o sea, al The Beatles Story, un museo donde se recrean diferentes ambientes en toda la historia de esta banda y que te ayuda a entender un poquito más el fenómeno excepcional de cuatro chavales que dieron en el clavo. Muy interesante y didáctico, además de presentar de forma extraordinaria lo que pasó entonces, es un reclamo obligado para mitómanos o simples seguidores de la música moderna.

El turismo continuó por locales con vigas de madera mugrienta donde sirven productos típicos de la zona y donde se estaba incubando lo que yo nunca había vivido antes: la final de la Champions con un equipo inglés en una ciudad inglesa. Podéis imaginar que el grifo de cerveza no paraba de manar y de llenar una pinta detrás de otra. La ciudad se tiñó de rojo y nosotros allí, con las camisetas de los Fortune Tellers y las cazadoras tejanas. Una tarde que fue subiendo de temperatura hasta la hora en que el árbitro dijo “PIP”. Estuvimos viendo el evento en The Cavern Pub, repleto de gente, aunque no tanto como el Club donde se respiraba un ambiente de los más cargado. Además nuestra cita musical era en el Back Stage (pantalla gigante y un ruido ensordecedor) del Club y no era cuestión de estar tanto rato en el segundo sótano. Como sabéis, el partido terminó con la balanza decantada para el Milan pero bueno, esta gente tiene mucha deportividad y qué mejor que otra pinta para celebrar la derrota.

Cruzamos la calle y entramos en el Club: parecía el escenario del final de una batalla y era el momento de volver a convertirlo en un escenario de rock’n’roll. Entramos en el back stage del Back Stage (valga la redundancia) y nos encontramos con los Gringo Starr, un grupo llegado de Atlanta que parecía no haber bajado del avión: el jet lag les había dejado un poco descolocados y, un poco confusos, subieron a un escenario de lo más correcto, aunque con una platea más bien vacía. Los tíos se lo curraron de lo lindo ante tal panorama y, haciendo uso de la combinatoria en el reparto de instrumentos, completaron un concierto que me dejó muy satisfecho, un grupo de grandes canciones, muy variadas e intemporales que, la verdad, no fue correspondido por un público que prefirió durante un rato el aire puro de la calle.

Nuestra entrada en escena empezó con poca gente pero, poco a poco, el local se fue llenando de curiosos que entraban y salían, y del personal que eligió otro de BISCUIT antes de marcharse a dormir. Hicimos un concierto correcto pero con algunas imprecisiones, esta vez hicimos un planteamiento más cañero y algunos pequeños detalles quedan dispersos entre decibelios. Fue divertido, el final de la aventura en The Cavern. Bueno, el final no, seguimos un buen rato agotando las libras que nos quedaban y hasta tuve la oportunidad de tocar la batería con Max Min, un cantautor que se trajo un percuta con la clavícula rota y que a la tercera pidió el cambio.

El final llegó con la despedida de David Bash, fantástico promotor, y the Peter & The Penguins con quien ya hemos quedado pronto en Oslo. A ver qué pasa.

La vuelta a casa fue con los retrasos de rigor y con la constatación práctica de lo que es el Mal de Altura después de tres días en Liverpool. Durísimo. Gracias a David por habernos dejado bajar las escaleras de The Cavern con los instrumentos bajo el brazo.

domingo, junio 03, 2007

A las pruebas me remito





Muy pronto, crónica del Doctor.